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jueves, 6 de octubre de 2011

Desconcierto

¿Se preguntan qué se puede hacer para solucionar la crisis? ¿Entienden las causas de la crisis?


Como para resolver cualquier problema primero hay que comprender qué lo ha causado. Según la mayoría de mis conciudadanos la culpa es del señor presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero. Así lo van a votar en la próximas Elecciones Generales al Congreso y al Senado.


Bien. Si así fuera, ¿por qué el cambio de gobierno en Portugal, o en Grecia, o en Reino Unido no ha solucionado la crisis?


Nos han enseñado a buscar culpables de todo lo malo que nos pasa. ¡La culpa es tuya! ¡No, tuya! Nos gritábamos de niños. La realidad es que la busqueda de culpables no soluciona los problemas. Puede que tranquilicen nuestra conciencia, pero no creo que en esta situacion sea suficiente.


Cambiará el Gobierno. Se seguirá recortando gastos. Le echaran la culpa a los anteriores gobernantes. Prometerán un futuro mejor, pero después de los sacrificios. Ese futuro no llegará. Volverá a cambiar el gobierno. Mientras los de siempre serán más ricos y la mayoría seremos más pobres. Los niños crecerán, mirarán a sus padres y les preguntarán, ¿qué habéis hecho con mi mundo?


La causa es sólo una y mientras no lo entendamos no podremos arbitrar verdaderas soluciones: el crecimiento exponencial en un mundo finito.

http://www.youtube.com/watch?v=d66CpooNEH8&list=WLA2C6BDA02E0131CF&index=3

Un mensaje optimista: a pesar de la crisis, seguiremos compartiendo tiempo con los amigos, enamorándonos, teniendo hijos, viéndolos crecer, trataremos, en definitiva, de seguir siendo felices. No olviden que la felicidad está en el camino y no en la meta.




jueves, 9 de junio de 2011

Un poco de historia

Las Revoluciones Francesa y Americana acabaron con el Antiguo Régimen. Para aquellos que no recuerden sus clases de Historia en el instituto les voy a recordar brevemente (tampoco mis conocimientos acerca de aquella época son muy extensos) qué era eso del Antiguo Régimen.

Me contaron mis maestros que desde la época feudal las sociedades europeas se dividían en tres estamentos: la nobleza, el clero y el pueblo. Los dos primeros estamentos no pagaban impuestos y el tercero los pagaba, pero para mantener el tren de vida de los primeros (¿les suena?).

Por aquella época, el sistema económico de moda era el mercatilismo, que fue el gérmen del actual sistema capitalista, y alumbró un nuevo grupo de población compuesto fundamentalmente por mercaderes y artesanos, que vivían en las ciudades. Hartos de pagar las facturas de sus reyes sin recibir nada a cambio, en Francia le cortaron la cabeza al rey y en las colonias americanas de Inglaterra, dejaron de pagar y le dieron una soberana paliza al ejercito de su Graciosa Majestad. Quitados de enmedio estos parásitos fueron libres de seguir enriqueciéndose y además tubieron acceso al dictado de las leyes. Pero esta ya es otra historia.

Actualmente estamos asistiendo a una nueva división de la sociedad en Estamentos, quizá menos rígidos (en el Antiguo Régimen sólo se podía ser noble si se era hijo de uno de ellos) y no tan expuestos a la vista de las masas (nadie conoce a los que manejan los fondos de inversión), pero igual de injusta. Los ricos han dejado de pagar impuestos y el resto de la sociedad paga sus crisis.

Moraleja: que cada cuál elija la suya, a mí me gusta esta: si es usted millonario no se compre sombreros.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El fin de la clase media

Estamos asistiendo en prima fila al fin de una época y las manifestaciones de los últimos días llevadas a cabo, fundamentalmente, por jóvenes, son una buena muestra de ello.

Algunos "periolistos" los han calificado de antisistemas, en la misma línea que los okupas, o los ecologistas radicales, pero si indagamos un poco, nos daremos cuenta de que, quizá algunos si lo sean, pero la mayoria son estudiantes, desempleados con estudios superiores, trabajadores precarios, que enlazan unos trabajos temporales mal remunerados con otros igual de malos; en definitiva, son los hijos de la clase media, que ven ante sus ojos como sus ilusiones de un trabajo para toda la vida como el de sus padres, un piso, un coche o las vacaciones en el Caribe no van a estar a su alcance. De golpe, el sueño de la clase media desaparece y se convierte en una pesadilla. No existe un futuro mejor, sólo un presente de frustración y fracaso.

Las manifestaciones son una pataleta de niños malcriados a los que sus padres ya no les dan la paga, pero tienen razón. Les han robado el futuro. Nos han robado el futuro.

Durante la guerra fría, como método de defensa frente al comunismo de la URSS y sus estados satélites, Europa Occidental fundó el Estado del Bienestar, que hace creer a todo el mundo que son de clase media, que ya no son obreros. Con la caída del muro de Berlín esta necesidad desaparece, y las políticas neoliberales de Thatcher y Reagan se imponen en todo el mundo. Poco a poco, la clase media se va deshaciendo por su base y reaparecen los obreros. Sí los obreros, aquellos de los que había hablado Marx en el siglo XIX, pero ellos aún no lo quieren aceptar.

Durante medio siglo, los que anteriormente habían sido obreros, pasaron a ser clase media, a disfrutar de algunos de los lujos de los que disfrutaban los amos del capital y sus hijos, y ahora sus nietos y bisnietos hemos perdido nuestra conciencia de clase. Ya no había que luchar por los derechos laborales, por reducir las extenuantes jornadas laborales, ni por mejorar los salarios. El Estado lo hacía todo. Esos tiempos se han acabado. El sueño de la clase media ya no existe.

Aunque aún hay muchos que prefieren seguir dormidos, votando al PP, pensando que con ellos va a volver el crédito barato y la vida a ser como hace un lustro, pero es un error, un grave error que nos puede costar más de lo podamos llegar a imaginar. Las políticas neoliberales es lo que nos ha llevado a la crisis, la bajada de impuestos a los ricos, la individualización de la sociedad, el creernos mejores y más listos que los demás, el egoismo, el no pensar en el medio y largo plazo. El PP trae más de lo mismo, recortes y más recortes, con la promesa de que serán temporales, pero es mentira. Lo que se pierda ahora costará décadas recuperar.

La clase obrera tiene que despertar, volver a unirse y a luchar por lo que legítimamente le pertenece, por su felicidad y por el fin del neoliberalismo, que no deja de ser el mismo capitalismo salvaje del siglo XIX. El neoliberalismo sólo permite la acumulación capistalista en manos de unos pocos, es egoista, avaricioso y dañino para el conjunto de la especie humana. Debe ser erradicado. Hay que recuperar la cociencia de clase y pelear.



domingo, 30 de mayo de 2010

El mundo en el que vivimos

Partamos de la idea de que la llamada sociedad occidental es el conjunto de personas que vive con el mayor bienestar material que jamás ha existido. Nunca antes de ahora ninguna sociedad ha tenido acceso a tantos bienes y servicios como los norteamericanos y europeos. Nosotros los españoles nos encontramos entre estos privilegiados.

Pero, ¿cuál es el origen de este bienestar?

Recientemente he estado leyendo algunos libros de Marvin Harris y lo explica en base a la ecología y a los cambios de modelo productivo que el crecimiento de la población ha obligado a adoptar a lo largo de la historia. Así explica que nuestros antepasados fueron recolectores y cazadores mientras hubo suficientes frutos y caza para todos. En el momento en el que la población creció tanto que estos recursos no eran suficientes para alimentar a todos, se vieron obligados a trabajar la tierra y a domesticar animales. La población siguió creciendo y cada vez se ocupaban más y más hábitats salvajes, hasta que alguién inventó una máquina que no requería tracción animal y que hacía el trabajo de muchos hombres. Se entró en la revolución industrial. Y se siguió creciendo, hasta los años setenta.

En ese momento se tropezó con que lo que había permitido fabricar y construir tantas cosas maravillosas desde el final de la segunda guerra mundial, el petroleo, tenía dueño y había que pagarlo.

Fue entonces cuando el dinero dejó de tener el respaldo del oro. A partir de entonces el dinero se convirtió en deuda, en deuda que, en teoría se podría devolver mientras se siguiera creciendo.

El Banco Central imprime billetes, se los presta a los bancos, a cambio de un interés. Los bancos nos lo presta a nosotros para abrir negocios, para comprar casas, coches, electrodomésticos, vacaciones, etc. Nosotros trabajamos y devolvemos el préstamo con intereses y, así es mientras se crece.

Pero, ¿qué significa crecer?

En el mundo en el que vivimos, crecer, significa aumentar la riqueza.

Pero, ¿cómo se mide la riqueza?

Con dinero, ¿pero el dinero no es deuda? Entonces, ¿la deuda es riqueza? ¿cuánto más deba más rico soy? Bienvenidos al primer sofismo de la economía moderna.

La riqueza siempre se ha medido con bienes materiales, con tierras, con objetos manufacturados, con metales preciosos, con ganado, con esclavos, con cosas tangibles. Actualmente se mide con apuntes contables, que no son otra cosa que anotaciones en una libreta. Eso sí, electrónica.

Todos sabemos que vivimos en un planeta finito que gira en torno al sol, ¿es posible el crecimiento económico infinito? Según los economista neo-liberales sí, ya que el ingenio humano crea bienes cada vez más sofisticados que no necesitan sostén material alguno. Ahí está la bolsa para demostrarlo, ¿no crea acaso la bolsa riqueza de la nada? Otra prueba es cada vez vivimos mejor, ¿es esto verdad?

Continuará ...